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Vivimos en una época marcada por la velocidad y la fascinación tecnológica. El discurso cientificista actual, hegemónico en el campo de la salud, tiende a buscar la eficacia inmediata, ofreciendo respuestas estandarizadas para acallar el malestar lo antes posible. Se nos ofrecen protocolos universales para «gestionar» las emociones, como si el ser humano fuese una máquina que necesita ser recalibrada.

Sin embargo, en medio de este ruido de cifras y diagnósticos globales, el psicoanálisis cobra una vigencia radical: es uno de los pocos espacios que quedan donde el sufrimiento no se trata como un error estadístico a corregir, sino como una verdad subjetiva a descifrar. Lejos de ser una práctica antigua, el psicoanálisis se sostiene hoy como una resistencia necesaria, ofreciendo un lugar donde la palabra tiene valor y el tiempo se ajusta a la persona, no al reloj.

A continuación, respondo a las cuestiones fundamentales sobre la pertinencia de este tratamiento en la actualidad.

¿En qué casos es pertinente un psicoanálisis y qué trata?

El psicoanálisis es pertinente cuando la persona percibe que su malestar se repite. No se trata simplemente de eliminar un síntoma aislado, sino de entender por qué tropezamos siempre con la misma piedra, ya sea en nuestras relaciones, en el trabajo o con nosotros mismos.

Más allá de las etiquetas diagnósticas, abordamos problemas como la angustia sin causa aparente, las depresiones que no ceden ante la medicación, las inhibiciones vitales o los síntomas psicosomáticos. Es un tratamiento indicado para quien no se conforma con tapar el dolor, sino que sospecha que hay algo de su propia responsabilidad implicado en lo que le sucede y desea saber la causa.

¿Qué beneficios ofrece frente a otras terapias actuales?

La principal diferencia radica en la singularidad y la profundidad. Mientras que muchas terapias actuales (como las cognitivo-conductuales) se centran en la reeducación de la conducta o la supresión rápida del síntoma mediante manuales preestablecidos, el psicoanálisis ofrece una escucha a medida. Por supuesto, esta escucha se produce sin juicios ni directrices.

El analista no le dirá cómo debe vivir ni qué es «lo normal». Al trabajar sobre las raíces inconscientes y no solo sobre la superficie, los efectos suelen ser más duraderos, generando, en última instancia, una mayor libertad subjetiva, dado que se anima al paciente a dejar de sentirse una víctima de las circunstancias biológicas o sociales y a tomar una posición activa respecto a su propio deseo.

¿Cómo se evalúa el progreso en una terapia psicoanalítica?

En el psicoanálisis, el progreso no se mide con tests estandarizados ni gráficas de rendimiento, sino por los efectos reales en la vida cotidiana. El avance se verifica cuando:

Cede el sufrimiento inútil: el síntoma pierde fuerza porque ya no es necesario para el funcionamiento psíquico.
Cambia la posición del sujeto: la persona deja la queja pasiva y comienza a tomar decisiones, recuperando su capacidad de amar y trabajar.
Se asumen los propios límites: el final del análisis no promete una felicidad idealizada, sino un «saber hacer» con las propias particularidades que permite vivir con mayor satisfacción.

¿Cómo influye la historia personal en la pertinencia del psicoanálisis como tratamiento?

Somos seres hechos de palabras. Nuestra historia familiar y las experiencias infantiles tejen la estructura desde la cual miramos el mundo. Sin embargo, el psicoanálisis actual no es un ejercicio de nostalgia. No recordamos el pasado por el simple hecho de recordar, sino para reescribirlo. La historia personal influye, pero no es una condena genética ni un destino inamovible.

En el análisis, revisamos esas «marcas» del pasado para desactivar su carga traumática, permitiendo que dejen de guionizar ciegamente nuestro presente. Por tanto, para una persona a la que su propia biografía le persiga, o le genere pregunta, el psicoanálisis puede ser una terapia muy indicada, dado que abraza la singularidad de cada sujeto, entendiendo que no hay dos personas con la misma vida.

Mitos, leyendas urbanas y otras creencias erróneas

El psicoanálisis es, probablemente, la disciplina clínica con más presencia en el cine y la cultura popular. Eso nos ha dado mucha fama, pero también ha generado una colección de malentendidos que vale la pena aclarar con una sonrisa:

«Cuidado con lo que dices, que me estás psicoanalizando»: Tranquilidad. Los psicoanalistas no tenemos rayos X mentales ni vamos analizando a la gente en las cenas de empresa. El psicoanálisis es un trabajo arduo que requiere un encuadre, un pago y, sobre todo, la demanda del paciente. Fuera de la consulta, somos personas comunes.

«Todo es culpa de mi madre (o de mi padre)»: Falso. El análisis no es un juicio para buscar culpables externos ni para reprochar a los padres lo que hicieron mal hace 30 años. Se trata de entender cómo nosotros interpretamos eso que nos dieron (o no nos dieron) y qué hacemos hoy con ello. Pasamos de la queja infantil a la responsabilidad adulta.

«El psicoanálisis es solo para intelectuales o gente con dinero»: El inconsciente no entiende de clases sociales ni de títulos universitarios. El sufrimiento humano es democrático. Hoy en día existen múltiples dispositivos que hacen el análisis accesible.

«Vas allí a que te digan qué hacer»: Quien busque un «coach» o un gurú que le diga cómo vivir, se equivocará de puerta. El analista no da consejos. El analista ayuda a que el paciente descubra su propia brújula, no le presta la suya.

«El analista no habla, es una estatua»: Este es el mito de Hollywood. Si bien respetamos el silencio para dejar surgir la palabra del paciente, el analista lacaniano interviene activamente: corta la sesión, puntúa una frase, hace preguntas que incomodan y mueven fichas. No es un monólogo, es un trabajo de a dos.

«El psicoanálisis dura toda la vida»: Falso. Un análisis dura el tiempo lógico necesario para que el sujeto reordene su vida y atraviese sus fantasmas.

«Es algo obsoleto»: Al contrario, es más actual que nunca porque trata lo que la ciencia médica deja fuera: al sujeto y su singularidad.

Como puede verse, el psicoanálisis es una modalidad terapéutica, así como una corriente de pensamiento en sí misma, que sigue vigente a día de hoy. Si eres una persona con preguntas con respecto a su vida, con un malestar que insiste y se repite, quizás el psicoanálisis pueda ser una herramienta potente para poder desplegar un conocimiento propio desde un prisma único, pausado, inconsciente.

Si todo pudiera averiguarse tan fácilmente, desde lo razonable o lo aparentemente lógico, ¿no podríamos todos nosotros simplemente resolver nuestros problemas pensando un rato? Sabemos que no es así, y sabemos que hay muchas formas de abordar la realidad humana. Yo hago una apuesta personal y profesional por esta vía tan interesante como rigurosa y vigente.